Los trabajos de vaciado y demolición del albergue juvenil Álvaro Iglesias, ubicado junto al Puerto de Navacerrada, han entrado estos días en su recta final. Los últimos instantes de vida de una infraestructura que disfrutó de intensos usos en otras épocas y que mantuvo una relación muy especial con el Maratón Alpino Madrileño durante los primeros años de esta prueba alumbrada en 1997.
Los espacios existentes junto a esta instalación acogieron la salida y la llegada de la prueba hasta que se concretó la mudanza de ambas hasta el cercano municipio de Cercedilla, actual epicentro de la competición. Aquel cambio, concretado de cara a la edición del décimo aniversario, implicó una mejora sustancial en las infraestructuras para los corredores y aficionados al mismo tiempo que una intensificación de la reducción del impacto en el medio montañoso.
El Albergue Álvaro Iglesias pasó a ser entonces un cercano testigo del paso de una carrera a la que, de alguna forma, estuvo vinculada desde su primera edición. Y junto a la que encontraron cobijo y reposo muchos de los “supervivientes” que han participado en las primeras ediciones del MAM.