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Velando armas  por Pilar PerezArtículo publicado en la revista Corricolari correspondiente al mes de noviembre (2006)

Mañana es el día, es mañana. Soy corredora de montaña, y las montañas por las que, en pocas horas correré; son mis viejas amigas, mi casa. Las conozco, cada cumbre podría hablar de mi y de mi vida. Y mañana...más de ocho horas recorriéndolas (qué bonita palabra "recorrer",y qué delicia que sean ocho horas!....en cuanto sea posible, me paso al ultrafondo.).Estoy de suerte. Otra vez, me escaparé, y puede que, a mi vuelta, hasta me reciban como una "heroína"!.

Ellos, mi familia, creen que voy a sufrir, y algo de eso habrá; pero pasar el día persiguiendo a mi corazón en un viaje al centro de mi misma,es un banquete difícil de describir. He intentado explicarle a mi madre, que me canso mucho más haciendo la compra en el carrefour, pero me comprende a medias. Está preocupada por mí,cree que las pocas energías que me quedan cada día despues de limpiar, comprar, cocinar,trabajar, y estar con las niñas; no las debería "malgastar" corriendo. No entiende que yo sea tan feliz con mis madrugones de sábado, que me amanezca encaramada en un risco de la Pedriza y  vuelva a preparar desayunos dos horas despues, sin quedarme al menos, a tomar el sol.

Está conmigo en que mañana, en cierto modo "descansaré",porque haré una sóla cosa, y disfrutaré de la soledad acompañada, entre "iguales",sin móvil, sin más escoba que la que "lamentablemente" me cuesta dejar muy atrás, aún con forma humana....CORRER, correr y seguir corriendo.


 

 

He dejado atras la angustia de tantos días con la presión del entrenamiento multiplicado, los dolores fantasma, los cambios de humor, el miedo a que algo ocurra que me impida llegar hasta la salida; una enfermedad de mis hijas, de mis padres.....me siento egoista por la razón por la que envuelvo mi vida entre algodones,....no es otra que el deseo de experimentar una vez más lo que se siente en una larga carrera por montaña: la capacidad de resucitar una y otra vez. La sensación del límite, de resurgir de donde no parece quedar nada....

Ahora si que no hay nada. Son horas suspendidas en el vacío. Mi chico está de viaje. Las niñas duermen, están bien. Como pediatra pelín histérica en estos días, he alejado de ellas hasta la sombra de los estornudos. Se quedan a dormir con los abuelos.He tardado mucho en despedirme. Mi padre, ha salido hasta la puerta, me miraba adentro de los ojos sin decir nada, y yo se lo decía todo con los míos. Ella me dice, como siempre: "si te cansas mucho, siéntate un ratico, por favor",y me la como a besos....mi maraton es suyo, sin ella nunca habría podido entrenarlo.
 
Me quedo a solas con mi cuerpo,despues de colocar todo lo que necesito a la vista. Me miro al espejo, pienso en "lo que me voy a poner".Está claro que ha de ser fundamentalmente práctico, pero......estos piratas me aprietan en la cintura, y me sacan un michelín que no me gusta nada....otros pues!,no, estos no....aquellos,....uf! tengo trece años?.Gasto una hora de sueño, en ponerme de acuerdo en tres modelitos fundamentalmente prácticos. Decidiré mañana, que me da vueltas la cabeza, y el estómago. Un último vistazo al espejo, y en absoluto veo el aspecto de una corredora, sino el de una madre cansada con un ataque de dismorfofobia, (o será la sobrecarga de hidratos?).Me inquieta.Me fijo ahora en las rodillas, los tobillos, con una mezcla de orgullo, lástima, y expectación. Pienso en "la tortura" que van a soportar,y ante el inminente "maltrato"; me sobreviene una oleada de ternura hacia ellos.Cojo el traumeel y me doy masajes hasta casi gastar el tubo. Estiro suavemente, para no despertar a los demonios.


Me siento en el borde de la bañera, con la caja de tampax en las rodillas, muy apesadumbrada. Mentalmente hago cálculos del cuándo y el dónde, y el cómo me las apañaré para hacer el oportuno cambio. En un maratón de asfalto, una puede arriesgar, pero con ocho horas de carrera,no. Menos mal que se trata de una carrera por montaña, y abundan las rocas, y los tupidos matorrales!.Pienso en el tiempo que perderé. Puede que cinco minutos, por no hablar de que al reanudar la marcha, he de llevar molestos residuos conmigo....Llevo un ibuprofeno para el dolor...lo tengo todo pensado, pero me da rabia tener que ir con tantas cosas encima!.Mira los tíos,...esto no les pasa, dan la espalda, y ya está.....Menos mal que no soy de las buenas, y si pierdo 5 minutos, rompo el ritmo, pero no pasa nada. No se cómo se las apañarán las que aspiren a podium.
 
Busco las pinturas,...quiero estar guapa, aunque no que me caigan churretones azules por los mofletes cuando empiece a sudar. Me recrimino mi presunción, pero no veo motivo para no pintarme los ojos, si lo hago casi todos los días. Es un día de fiesta. No me gusta tener mala cara, ni en un maratón de montaña. Cuando entreno, también me "arreglo".Si pongo cara de agotamiento extremo, así estoy; pero si me siento guapa, aunque nadie me vea,....mi espíritu se "eleva" y corro más deprisa!.
Asi que en mis duros entrenamientos en solitario de los últimos meses, ensayo este procedimiento de "no poner mala cara a las cuestas"...y me funciona!!!!!.
 
Mañana,c orreré con mis "hermanos",mis amigos.Sólo pensarlo,ya me alegro,y me calmo.
Todas estas cosas importan hasta el momento de la salida.A partir de ahí,empieza la magia.
 Dentro de siete horas.....ahora si que me voy a dormir.
 


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