Cosas que pasan
por
Juan Manuel Agejas
Artículo
publicado en la revista Cross Country Abril 2007
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Ya ha empezado la
temporada. Y cada año esto va a más. Cada vez son más y más
diversas las pruebas que encontramos. Pero las carreras en
España han cambiado mucho. Ahora todo el mundo sabe lo que
es una carrera de montaña pero ¿y hace unos años?
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Galarleiz 2004 |
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No me canso de recordar
que las carreras de montaña no son una especialidad tan
moderna. Hay constancia de algunas celebradas en nuestras
montañas en 1918, hace casi un siglo, como la Copa de Hierro
de Peñalara, de la que ya hablamos en un pasado número.
Lo que es realmente
moderno es su regulación su reglamentación y, por supuesto,
su divulgación, su conocimiento y expansión entre la mayoría
de los corredores. Pero eso no quita que un servidor haya
vivido y escuchado multitud de anécdotas, cosas que hacen de
las carreras de montaña una especialidad entrañable.
En uno de los primeros
maratones de montaña en los que estuve presente recuerdo a
un corredor gallego que venía a participar supuestamente en
un maratón de asfalto por zona montañosa. Vamos, como si
hiciéramos un maratón por las carreteras de Andorra o Sierra
Nevada. Cuál fue su sorpresa cuando, nada más empezar, vio
que de asfalto nada. El hombre acabó la carrera pero creo
que no ha vuelto a correrla.
Y si hay que hablar de
los comienzos de las carreras de montaña, hay que citar al
Maratón Alpine Galarleiz. En 1995, José Pedro Galarza, quiso
implantar en nuestro país un maratón monte a través como el
Jungfrau Marathon suizo, del que había tenido noticia en la
feria del maratón de Nueva York. La carrera alpina reunía a
más de 2.000 atletas en Davos pero curiosamente, aunque
cuesta arriba, la mayoría del recorrido transcurre por
asfalto.
Aquella primera edición
del Galarleiz está plagada de anécdotas y bonitos recuerdos.
Siempre me acordaré de la epopeya de mi amiga Victoria. Ella
decidió participar en la modalidad de bicicleta de montaña.
A las dos horas y pico de carrera llevaba apenas 20
kilómetros de recorrido. Por entonces, marchadores,
corredores y ciclistas hacían el mismo recorrido atravesando
las mismas estrechas sendas, caminos sin desbrozar y otras
dificultades hoy suavizadas. Harta ya, en el kilómetro 35
dijo al control que se retiraba. Los encargados del
avituallamiento, como buenos vascos, le dijeron “¡Pero como
te vas a retirar ahora! ¡Sigue, mujer, sigue!... Y Victoria
tuvo que seguir hasta la meta…
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Apuestas
Si de apuestas en las
carreras hablamos, los expertos son los vascos. José Pedro
Galarza reto a un jinete en su maratón, el Galarleiz: él
corriendo y el jinete a caballo. ¡La que se montó en unos
días! Del tema se habló en El Larguero de la Ser y era la
comidilla de las tabernas del lugar. El día equis todo se
desarrollaba con normalidad y una leve ventaja del jinete
cuando a Pedro le dio tal pajarón que tuvo que ser evacuado
en helicóptero. Las apuestas quedaron en ascuas. No sabemos
si los protagonistas querrán repetir.
Una vez
en la carrera del Mulhacén, un paisano de Trevélez apostaba
con un corredor, creo que fue Quico Soler, a que no llegaba
desde el pueblo a la cumbre más alta de la península en
menos de una hora y media. Aquello era imposible. Claro, que
tampoco se les había ocurrido nunca a los lugareños que un
día pudiera subirse al Mulhacén corriendo en pantaloncitos
cortos y camiseta como si nada. El premio era un jamón, rico
manjar de los secaderos de la localidad granadina. Pues el
citado corredor hizo cumbre en poco más de la hora y media
apostada y, al terminar la carrera, se acercó al paisano
para reconocer su derrota y pagar la apuesta. El lugareño,
asombrado por el tiempo logrado por el corredor, 1h34
minutos, aún habiendo ganado la a puesta, le regaló el
jamón.
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Borriol 2007 |
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Despistes y pérdidas
En una ocasión me ocurrió
a mí pero ha sucedido más veces y recientemente al campeón
de España, Raúl García. Lo de ir en cabeza a veces tiene su
riesgo. Cuando la señalización no es buena o algún
‘gracioso’ (por llamarlo suavemente) retira alguna marca, a
los primeros les toca hacer algún kilómetro de más sin
quererlo. Y, cuando recuperan la carrera y se unen al
pelotón, muchos se sorprenden viendo un galgo veloz
pasándoles a toda marcha. Ocurrió en Atarfe, Granada, a
finales de febrero. Pues, a pesar del despiste, Raúl tuvo la
capacidad de remontar hasta la primera posición y sacar
otros 15 minutos al segundo clasificado. Toda una machada.
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Y de pérdidas hay auténticos expertos. Sin mencionar su
nombre, para un amigo corredor, lo difícil era no
despistarse. De hecho, en las que no se perdía, en meta nos
lo recordaba jocosamente. Pero recuerdo una carrera en
Cataluña en que el primero y ganador, cuando todo el mundo
le esperaba en la meta, éste no venía, no venía hasta que,
de repente, apareció a sus espaldas. Se había despistado y
llegó por detrás. Claro que el año pasado, me encontré una
carrera en la que la meta era en la plaza del pueblo y
aparecían corredores por distintas calles, como si brotaran
del suelo o de los portales. Una vez más, un graciosillo
había hecho de las suyas con la señalización.
Y de graciosillos son
unos expertos los del club la Pedriza de Manazanares, en
Madrid. Allí hasta filmaron en vídeo a uno que se dedicaba a
quitar las señales de la carrera tirándolas al suelo. El
‘criminal’ sintiéndose grabado, hasta saludaba a la cámara…
¡hay que tener morro!
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Cosas de corredores
Tengo un par de amigos
que son unos expertos en apañarse cualquier ‘invento’ que
les pueda ayudar. A uno de ellos se le rompió la zapatilla
justo antes de empezar la carrera. La suela se le había
despegado en su parte delantera. Ni corto ni perezoso, pidió
cinta americana, dio un par de vueltas a la zapatilla y
salió. Recuerdo que la incógnita de la carrera, más que su
posición o el desenlace de la cabeza de carrera, era cómo le
iba a nuestro amigo.
También es habitual, en
las subidas prolongadas, hacerse con una rama que, a modo de
bastón, nos ayude con la dura ascensión. Pero uno de mis
amigos, conocedor del recorrido y la subida que le esperaba
en una carrera, al pasar por el avituallamiento situado en
un puerto junto a un restaurante, agarró un palo de escoba y
con él se hizo toda la subida y el resto de la prueba. Desde
entonces, hace de corredor-escoba en la prueba. Podría
decirse que ‘de casta le viene al galgo’. Y luego está el
que llevaba siempre dos cigarrillos y un mechero y se los
fumaba en las dos cumbres de la carrera. O el que paso junto
a su perro y la mascota le siguió, le siguió hasta la meta.
O el que, a mitad de recorrido le esperaba un amigo para
acompañarle y, al final, el corredor tuvo que esperar al
acompañante afectado éste por una pájara.
Y ¿Qué me decís de los
organizadores-corredores? Yo sólo lo hice en una ocasión. Y
a mitad de una gran subida era como si hubiera llevado dos
días corriendo. Claro, que no salí a pasear. El peso de la
tensión y el cansancio pudieron conmigo. Menos mal que la
otra mitad de carrera era bajada. Dije que no lo iba a
volver a hacer pero entonces siempre pe acuerdo de mi amigo
Antonio Matias, en Portugal. Él organiza no una carrera, si
no todo un circuito de varias pruebas y siempre participa.
Es gracioso verle en la salida en pantalón corto, dar el
pistoletazo, dejar el arma a un amigo y salir corriendo con
el resto de corredores. Y luego, llegar a meta, cambiarse y
ponerse a dar los trofeos. Sólo de pensarlo, me agoto.
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Marina Alta 2005 |
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Avituallamientos
Otros recuerdos
divertidos son los avituallamientos. En el Maratón Alpino
Madrileño era famoso el de Cabezas. Tras un ‘paredón’ de
apenas 2 kilómetros y casi 700 metros de subida, allí te
encontrabas un grupo de montañeros con una bandera pirata,
un radio casette con los Ac/Dc y todos saludándote por el
nombre y apellidos. La gente se sorprendía… y lo agradecía.
Más de uno ‘juraba’ bandera con beso y todo. En el medio
maratón del Ocejón, en la cumbre, este año pasado había una
‘banda’. Todos estaban disfrazados, pero destacaba uno que
iba de musulmán que animaba a todos en árabe (o eso
pensábamos). A saber lo que decía.
En la carrera de Navidad
de Cercedilla, los miembros de un avituallamiento te servían
el agua y demás viandas en perfecto traje, camisa blanca y
corbata. Los corredores alucinaban. Y no hablemos de los
avituallamientos de Zegama. Te dan ganas de mandar la
carrera a tomar vientos y quedarte a la fiesta: vino de
bota, embutidos varios (incluida chistorra) y hasta paellas
he visto. Si es que ya me lo decían, eso de correr no puede
ser muy bueno.
Bueno, pues ya sabes,
además de piedras, grandes desniveles o kilómetros, puedes
encontrarte muchas sorpresas en las carreras de montaña. Un
motivo más para recordarlas…
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