Suena el chupinazo, empieza
la juerga, un número indeterminado de corredores
nos ponemos en marcha. Los que buscan ganar ya
sacan unos pocos cientos de metros de los que nos
encontramos en una situación más atrasada. Mis
sensaciones por ahora son buenas, llevo buen
ritmo, sin forzar y siendo reservón, ya que a
partir del kilometro 12 aproximadamente se abre
ante mí la incertidumbre, debido a que nunca había
corrido mas distancia.
Toda la prueba discurría por el casco
urbano de Collado Villalba, los primeros kilómetros por las
cercanías de la Ciudad Deportiva y por Villalba pueblo.
Pasado el kilometro 10, entramos en el coto de las Suertes,
¡corremos por tierra!, cosa que se agradece. Hasta
aproximadamente dos kilómetros después que volvemos a correr
por asfalto.
Hacemos una breve inclusión por el
polígono industrial y un breve recorrido bordeando el río,
por pista de tierra. En este punto es cuando empiezan mis
problemas, mi ritmo desciende, no me encuentro a gusto
corriendo. Pienso que estas sensaciones pueden ser
pasajeras, debido a que los kilómetros empiezan a pesar ya
en las piernas.
Volvemos al asfalto y un par de
kilómetros por el centro mismo de Villalba (Calle Real y
otras), para llegar nuevamente a las cercanías del lugar
donde se encontraba la salida, en el que discurren los
últimos kilómetros. Durante todo el recorrido hubo gente
animando, en los avituallamientos gente disfrazada
(voluntarios), música que te animaba…muy buen ambiente, sin
duda.
La cosa fue yendo poco a poco a peor,
hasta que casi no podía correr…pero continúe, continúe…y
llegue a meta. Los dos últimos kilómetros se me hicieron
interminables, pero lo conseguí, objetivo cumplido. A pesar
del “sufrimiento”, valió la pena.
Eso si al día siguiente mis piernas
parecían dos maderas de lo dura que las tenia y de lo que me
dolían. A propósito, ¿cuando es la próxima?
Desde, el Escorial, el “reportero
escoba”.