Nos fuimos a correr a Castellón y se
nos olvido el neopreno. Dicen los viejos del lugar que no
recuerdan un aguacero similar y que pudieron caer 300 litros
por metro cuadrado...que digo 300, serían 3000 por lo menos.
Hasta allí viajamos cuatro "Tierra Mojamé"...perdón
"Trágame", Charo, Goyo, Ppong y yo. Tuvimos la suerte de
compartir viaje, cama, cena, desayuno y multitud de
conversaciones con Salvador Calvo, lo que no pudimos
compartir fue la carrera ya que él iba unos 20 km por
delante.
Penayagolosa era una asignatura pendiente desde hace años,
¿? Quizás miedo...quizás muy larga...quizás pocas cuestas.
El caso es que esta vez no había quien nos parara y sólo una
lesión nos iba a retirar.
El perfil se antojaba chungo, sube mucho, baja poco, sube
mucho, baja poco...
La mayoría de las personas con las que hablamos nos dijeron
que era llana y que no nos cebásemos en la primera parte. La
verdad es que les hicimos caso, no nos cebamos nada de nada,
pero vamos que de llana no tenía ni un centímetro.
A medida que se desarrollaba la carrera los arroyos iban
creciendo. A los primeros el agua les llegó por los tobillos
, pero a los últimos por el cuello. Los bomberos tuvieron
que tomar cartas en el asunto o allí moría media población
de Castellón.
Pero que gozada, llovía a mares, todo lleno de charcos,
barro de todos los colores, y allí estábamos más de mil
corredores desafiándolo todo durante 65 kilómetros.
El presidente de Tierra Trágame me dijo que el secreto era
llegar bien al maratón, y nosotros llegamos fenomenal.
Después del 42 había una bajada divertida, y después un
avituallamiento tipo fiesta cumpleaños.
..pero Xodos estaba por llegar. Durante toda la carrera oí
hablar de Xodos, Xodos, Xodos, Xodos...me estaba empezando a
dar pánico. Por fin a lo lejos un pueblo en lo alto, colgado
, con sus casas en fila ascendente, todo me pareció
precioso. Y ya estamos en el km 55.
La sorpresa venía después, donde una infinita cuesta te
dejaba doblado de riñones, pero la cuesta tenía
fin...joder!!! Después de la cuesta venía una pista ¿y ahora
a correr?...pues nada, corres, corres y corres, pero la
pista empieza a ascender y ese ascenso no acaba nunca.
Para terminar una agradable bajada donde no oyes nada hasta
que no estás a 100 metros de meta.
Avituallamiento, mantas, caldo, bocata, chocolate, charla,
etc.
Todos acabamos fenomenal, nadie tuvo síntomas de dolor ni de
abandono...eso creo, el caso es que desde el sillón de mi
casa ya no me acuerdo del dolor de riñones.
Nuestros tiempos fueron muy prudentes y acordes con unos
paquetes-corredores-montañeros.
Mención especial a Charo que subió al cajón.
Los demás no subimos al cajón, pero como siempre nos
volvimos a traer un buen puñado de amigos.
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Crónica de Goyo