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La verdad es que la mañana invitaba poco a calzarse las
zapatillas, la bici, el casco y el traje de luces y echarse
al monte, pero todo sea por una buena causa. O más bien dos:
por un lado mi estreno oficial en una carrera de esas que
por aquí llaman ‘de verdad’, un duatlón concretamente. Y por
otro que además la cita era benéfica, organizada por una
amiga de unos colegas que está dejándose la piel en ayudar a
su compañera de raids de orientación, Raquel Escudero, que
tuvo un accidente el año pasado y desde entonces está en
silla de ruedas.
Total, que allí nos plantamos, en
Cerceda, con barro, frío y unos nubarrones negros que
amenazaban con darnos la mañana, dispuestos a afrontar 7,5
km a pie, 20 km en bici y otros 3,5 de propina otra vez
corriendo. El recorrido salió muy bonito, por unas dehesas
entre Cerceda y Moralzarzal, pero duro. Muy duro. Sobre todo
el de bici, con un repecho corto pero lleno de gravilla
suelta que hicieron que buena parte de la gente tuviera que
acabar por subirlo a patita. Pero a cambio el barro nos dejó
unas trialeras muy divertidas.
Es lo que pasa
cuando a mitad de carrera empieza a llover de verdad. No a
mares, pero sí lo suficiente como que para quitarme los
pegotes de tierra pegada al pelo necesitara un par de duchas
y tres dosis de mascarilla para el pelo. Pero a cambio de
sufrir el dolor de piernas, el agua, el frío –sobre todo en
la bici- y el barro… me subí al podio!!!! Vale que era el
podio de atletas locales, pero me subí al podio. Segunda
(de dos) J
No está mal para el estreno.
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