No son muchas las carreras que corro en el año, pero
ésta es quizás mi favorita (junto con la Behovia), razón
por la que suelo animarme e inscribirme a ella. Una
carrera con una extraña distancia: II leguas (11.145 m)
que este año tuvieron que alargar unos cientos de
metros, hasta los 11.700 m.
Una mañana típicamente invernal, y casi típica de la
Chopera. Un cielo muy encapotado, amenazando lluvia y
una temperatura no excesivamente fría, acompañó a los
1.300 corredores que allí se dieron cita para disfrutar
de una carrera con un circuito muy original que mezcla
de todo: asfalto, aceras, campo, parque, barro, subidas,
bajadas, tramos llanos.
Y una de las mejores carreras en atención al corredor
popular, por lo que no cabe más que felicitar a una
organización volcada totalmente en su carrera hasta el
punto de llegar a encumbrarla como una de las grandes
favoritas de los corredores de Madrid.
Coincidimos allí unos pocos socios: Pedro Gracia, Pedro
Rodríguez (primero en su categoría), Mario Carreras y
Carmen García (4ª de la general y 2ª en su categoría) y
é que suscribe.
Lamentablemente, las dos últimas ediciones las he tenido
que correr luciendo un lazo negro, en señal de duelo y
como homenaje personal por la triste desaparición de dos
grandes amigos. El año pasado, el duelo era por nuestro
querido amigo y socio, Hiper, y éste, por otro gran
querido amigo, y también socio del club, Jesús González,
que como sabéis nos dejó recientemente. A ellos, quise
dedicar mi carrera.