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La
cita era el sábado a las 9.30 horas en la estación de Cercedilla,
y esta vez no valían excusas, que además los novatos podíamos
recoger la equipación. Así que con la camiseta recién estrenada y
aprovechando el ratito de sol entre tormentón y tormentón, allá
que nos fuimos un montón -pero lo que viene siendo un montón de
verdad, como veinte o así- camino del Montón de trigo.
Imagino la cara que se debió quedar a un pequeño grupo de
domingueros-paseadores de perros que vieron subir a un tropel de
gente por la primera parte del caminito ese de los puntos azules
echando unas risas y haciendo apuestas por ver quién se descolgaba
antes -bueno, estaba claro que iba a ser yo, no hacía falta
apostar nada-. El caso es que el camino realmente bonito para
correr. Un poco cuesta arriba, pero es lo que tienen estos pueblos
de la Sierra, que no saben hacer caminos cuesta abajo, todos suben
p'arriba.
Así que yo subí hasta la Fuenfría, a mi ritmillo pero hasta allí.
Un segundo grupo -Mina, Carlos, Charo, Goyo y Caño- llegaron a la
Pinareja, y los más valientes -Juanma, los Pedros y el resto-
subieron hasta donde Cristo dio las tres voces, kilómetro arriba
kilómetro abajo.
Lo mejor, además de la bajada, por un bosque verde verde, los
huevos fritos con patatas -pocas y gordas, pero patatas al fin y
al cabo- que nos zampamos después. La próxima cita, chicos, por
favor con verduritas y pescaíto a la plancha, que tenemos la
operación bikini a la vuelta de la esquina. Y estas camisetas
pequeñas que dejan ver el ombligo no nos van a sentar nada bien
con el michelín colgando :-)
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