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Nuestras Crónicas

101 de Ronda 2008 Mauricio González


Al final fui a hacer los 101 de Ronda aunque no lo decidí hasta el mismo jueves día 8 por la tarde, porque aunque físicamente me encuentro recuperado de una operación, todavía tengo limitaciones con la comida. Saqué el billete el jueves y el viernes por la mañana me embarqué en el tren hasta Ronda. Había solicitado en la inscripción dormir en el polideportivo, así que no tenía ningún problema con la estancia.

Recogí el dorsal por la mañana y después de comer me dediqué a visitar la ciudad, sobre todo el casco antiguo, y a contemplar las impresionantes vistas que hay desde la Alameda del Tajo.

Por la noche me uní a gente que conocí y fui a la cena de la pasta en las carpas instaladas en la citada Alameda, en un ambiente muy agradable y acogedor, donde vi también a unos conocidos de Segovia. La cena fue un rancho legionario amenizado por una orquesta y por una tremenda tormenta, por lo que a eso de las diez  nos fuimos a dormir. Por la mañana nos despertaron a toque de corneta con el 'Quinto levanta' de la legión.

Antes de la salida nos hicimos una foto con el carnero de la legión y a las once me lancé a la aventura de mis primeros 101 km de Ronda. Pensé hacer toda la prueba andando, pero sobre el kilómetro 20 empezó a llover de tal manera que decidí trotar entre tres y cinco minutos y luego andar, todo a mi libre albedrío y sin tiempos fijos; fui mentalizado para  finalizar la prueba indistintamente del tiempo. Así fueron pasando los kilómetros hasta llegar al avituallamiento de Setenil (Km 53) donde había dejado una mochila para cambiarme, aunque de zapatillas al final no me cambié. Después de media hora de descanso y avituallamiento me puse de nuevo en marcha camino del Tercio (Km 77). Cuando se hizo de noche me fui uniendo a grupos de marchadores para, con los frontales, ver mejor el camino y que se hiciera más ameno porque ya sólo se podía andar porque el terreno era resbaladizo y peligroso en determinados puntos por la lluvia. En el Tercio me tome dos tarros de caldo, un yogurt, me cambié de nuevo de ropa (allí tenía mi segunda mochila) y, aunque costaba emprender nuevamente la marcha, comencé la última parte del recorrido. Esta parte fue muy dura, sobre todo la subida a la ermita y su bajada empedrada, la travesía por el margen del río por una estrecha senda totalmente embarrada y deslizante y, por último, la interminable subida siseante hasta Ronda. Pero una vez coroné y entré en el casco de Ronda, me repuse y me entraron ganas de correr, aunque me reprimí, los últimos metros hasta la meta. Mi sueño se hizo realidad a las cinco menos cuarto de la madrugada después de 17 horas y 45 minutos. ¿Volveré al año que viene? No lo sé, aunque dicen que el que la hace la primera vez, repite.

Un abrazo de Mauricio 
 


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