Al final fui a hacer los 101 de Ronda aunque no
lo decidí hasta el mismo jueves día 8 por la
tarde, porque aunque físicamente me encuentro
recuperado de una operación, todavía tengo
limitaciones con la comida. Saqué el billete el
jueves y el viernes por la mañana me embarqué en
el tren hasta Ronda. Había solicitado en la
inscripción dormir en el polideportivo, así que
no tenía ningún problema con la estancia.
Recogí el dorsal por la
mañana y después de comer me dediqué a visitar
la ciudad, sobre todo el casco antiguo, y a
contemplar las impresionantes vistas que hay
desde la Alameda del Tajo.
Por la noche me uní a
gente que conocí y fui a la cena de la pasta en
las carpas instaladas en la citada Alameda, en
un ambiente muy agradable y acogedor, donde vi
también a unos conocidos de Segovia. La cena fue
un rancho legionario amenizado por una orquesta
y por una tremenda tormenta, por lo que a eso de
las diez nos fuimos a dormir. Por la mañana nos
despertaron a toque de corneta con el 'Quinto
levanta' de la legión.
Antes de la salida nos
hicimos una foto con el carnero de la legión y a
las once me lancé a la aventura de mis primeros
101 km de Ronda. Pensé hacer toda la prueba
andando, pero sobre el kilómetro 20 empezó a
llover de tal manera que decidí trotar entre
tres y cinco minutos y luego andar, todo a mi
libre albedrío y sin tiempos fijos; fui
mentalizado para finalizar la prueba
indistintamente del tiempo. Así fueron pasando
los kilómetros hasta llegar al avituallamiento
de Setenil (Km 53) donde había dejado una
mochila para cambiarme, aunque de zapatillas al
final no me cambié. Después de media hora de
descanso y avituallamiento me puse de nuevo en
marcha camino del Tercio (Km 77). Cuando se hizo
de noche me fui uniendo a grupos de marchadores
para, con los frontales, ver mejor el camino y
que se hiciera más ameno porque ya sólo se podía
andar porque el terreno era resbaladizo y
peligroso en determinados puntos por la lluvia.
En el Tercio me tome dos tarros de caldo, un
yogurt, me cambié de nuevo de ropa (allí tenía
mi segunda mochila) y, aunque costaba emprender
nuevamente la marcha, comencé la última parte
del recorrido. Esta parte fue muy dura, sobre
todo la subida a la ermita y su bajada
empedrada, la travesía por el margen del río por
una estrecha senda totalmente embarrada y
deslizante y, por último, la interminable subida
siseante hasta Ronda. Pero una vez coroné y
entré en el casco de Ronda, me repuse y me
entraron ganas de correr, aunque me reprimí, los
últimos metros hasta la meta. Mi sueño se hizo
realidad a las cinco menos cuarto de la
madrugada después de 17 horas y 45 minutos.
¿Volveré al año que viene? No lo sé, aunque
dicen que el que la hace la primera vez, repite.
Un abrazo de Mauricio