Mientras una mitad del club pasaba
el domingo en Zegama, la otra mitad acudía a la mas que
clásica carrera del Yelmo.
Como era de esperar, la excelente
organización nos acogía en la plaza del pueblo para
recoger nuestros dorsales y recibir nuestra bolsa del
corredor.
Salimos a eso de las 10:00 y como
de costumbre los 2,6 Km. hasta casa Julián fueron
agonizantes, hasta coger ya la subida aun más
agonizante. Al principio, los taponcillos de gente iban
estresando algo la subida, pues adelantar no era fácil y
había que tener mucho power para ir adelantando. En mi
caso me fui recuperando durante la subida hasta llegar a
la pradera del Yelmo y comenzar ya por fín, la deseosa
bajada. Este año me pasó algo curioso, y es que nada mas
pasar el arco de piedra dejé empotrada mi zapatilla
entre una rocas dejándola allí, pues mi pie salió de la
zapatilla cual babucha de andar por casa, teniendo que
retroceder y dedicar arduo esfuerzo para sacarla de las
piedras. En fin, gajes del oficio. De ahí bajada
meteórica, aunque con algo de cuidado: la noche anterior
había llovido y aunque estaba el camino seco, existía
cierta humedad que algún sustillo te daba.
Bajando, bajando llegue hasta el
pueblo, y enfilando la calle llegué hasta la meta, una
de las más bonitas de toda la sierra. En fín, el resto
ya lo sabéis: comilona insaciable de melones, plátanos y
demás manjares,...que engullíamos entre comentario y
comentario.