El pasado sábado 9 de junio, la Casa de Campo acogió en
su entorno natural, a 300 mujeres que iban a participar
en el primer triatlón dedicado a la mujer. Esta
convocatoria se ha considerado un verdadero éxito, ya
que las inscripciones se cubrieron en su totalidad, y
todas llegaron a la meta con gran satisfacción y
regocijo. Esto sólo puede significar varias cosas: una,
que la mujer cada vez más está participando en
actividades de mucho compromiso deportivo; dos, que las
mujeres somos comprometidas y tenaces en lo que nos
embarcamos, sin necesidad de ser deportistas de elite….
Y las demás opciones lo dejo a interpretación de los
lectores.
Como poco experta en el terreno deportivo, puedo
asegurar que es toda una satisfacción considerarse
triatleta, y me siento como tal porque he participado y
finalizado las duras pruebas que conforman esta
modalidad deportiva. Y digo duras porque no es fácil
tirarse 300 mujeres al lago de la Casa de Campo, (no por
la suciedad, sino por lo pequeño del espacio… ) y
soportar patadas bajo el agua, avasallamientos y
hundimientos para llegar las primeras a la otra orilla,
cambiar ese entorno húmedo por los pedales de una bici,
y casi sin pensarlo y sin tomar aliento, lanzarse como
loca a cubrir un circuito de 10 km, para finalmente
soltar la bici, y con las piernas duras como tablas,
correr 2 km por asfalto. Es tan rápida la transición de
una prueba a otra, que casi no tienes tiempo de mirar el
reloj, y ver con qué tiempo cuentas para acabar las
pruebas, lo único que piensas es no cometer errores que
te conduzcan a la descalificación…
Y quizás lo menos importante es medir el tiempo que
tardas en cubrir las distancias, después de haber
participado, lo que más importancia he otorgado ha sido
pasarlo bien, disfrutar haciendo deporte, y hacerlo por
una buena causa: hacer del deporte un medio de vida
saludable, y preventivo de enfermedades cada vez más
frecuentes en nuestra sociedad, como es el cáncer.
Desde el punto de vista personal, lo he vivido como un
reto: nunca antes había participado de un evento de este
tipo, y una se emociona y se le ponen los “pelos de
gallina”, cuando pasa bajo el arco de meta, y ve que
llega sana, entera y en menos tiempo de los previsto (49
minutos). Nunca me he considerado una gran deportista,
pero estos pequeños logros sirven para valorarme un
poquito más, conocer los límites de mi capacidad física,
y sobre todo, añadir que con ilusión, todo se logra: no
importa tanto la distancia, ni la dificultad de las
pruebas, cuando uno está motivado es capaz de hacer
cosas de las que nunca hubiera imaginado hacer. Me
siento orgullosa de mí misma, y sobre todo me alegra
saber que los que me quieren y comparten momentos
conmigo, están cerca para animarme.
Por último, me alegra compartir con vosotros esta
experiencia. Nos vemos en las próximas carreras.