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La ya muy lejana e invernal noche del 20 de enero, a los pies de
la Maliciosa, en el Valle de la Barranca, se celebró la que
esperamos que sea la primera edición de muchas otras del "Tangacross".
Bajo un cielo estrellado y diez grados de temperatura contamos con
la valiente presencia de nuestros compañeros Antonio Ledesma
'Tragamillas', Luismi (compañero sin el que esta idea jamás habría
sido posible), Juanjo (corredor que también todos conocéis), otros
seis atletas amigos incondicionales de la organización y tres
amigas voluntarias que se encargaron de la logística y a las que
les agradecimos el suculento avituallamiento de meta, el arte de
decorar nuestros cuerpos con pinturas de guerra y las fotos.
Menciono especialmente a Cristina, la otra fémina que tuvo la
osadía de mostrar sus encantos ante "más desconocidos que yo" y me
acompañó en la 'aventura'. Y por supuesto a Iñaki, mi marido,
quien me apoyo en este inusual proyecto. |
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Tras el ritual de 'exposición y calentamiento' y la equipación con el
tanga propio, o uno que facilitaba la organización, que en el caso
masculino era un elefante con trompa y orejas, los participantes nos
colocamos en la línea de salida, tras la barrera. Tras unos iniciales
momentos de cortesía y caballerosidad, en que se me sugirió
infructuosamente que tomara la posición de cabeza (por una vez), comenzó
lo que llamaremos 'carrera'.
Tragamillas, rápidamente impuso un escalofriante ritmo inicial, pero al
trancurrir los primeros minutos, optó por neutralizarse en un pelotón
que no mostraba interés por rodar a menos de 8 minuntos el kilómetro. La
risa dificultaba seriamente cualquier intento de persecución del líder.
Las
féminas ocupaban encantadas los últimos puestos para controlar,
mayormente de modo visual, al resto de participantes. Superados los
primeros escalofríos y otros complejos, se llegó a lo que fue el ecuador
de la carrera: los columpios. Un atleta propuso incluir una bajada de
tobogán en la prueba y convertir así la carrera pedestre en un 'raid' de
alto riesgo, pero su idea no tuvo una buena acogida. Seguidamente otro
participante procedió a despojarse con gracia (es bombero) del tanga y
todos le imitamos en el acto ante un generalizado regocijo. Con la
prenda en la mano, o en la cabeza, el grupo rodabamos felizmente en una
cómica y entrañable atmósfera, que creo que difícilmente olvidaremos
ninguno de nosotros. Ya nadie hablaba del frío con la meta a vista.
Súbitamente nos vimos enfocados por los faros de un coche, que conducía
una pareja que muy probablemente buscaba refugiarse en "la solitaria paz
de las montañas". Algunos miembros del pelotón, iniciamos una desbandada
buscando desesperadamente algún pino cercano que ocultara nuestros
cuerpos... en mi
caso sin éxito... ningún pino era 'suficiente'. Los ocupantes del
vehículo, tras reponerse de la visión, optaron por refugiarse en el
bullicio de la ciudad con toda seguridad.
Ya en la meta, repusimos las calorías perdidas y brindamos por la
próxima edición, en la que deseamos más kilómetros y más
compañer@s .
¡Os esperamosel año que viene!
Pilar Pérez |