Después de tanta
cara (en el buen sentido de la palabra) me tocó la cruz.
Pero aunque el balance final ha sido malo para mi, las
conclusiones no lo son del todo; me encontré muy fuerte
en todas las subidas, y mientras transitamos lo mas duro
de la carrera, me mantuve en la cabeza relativamente
cómodo. Lo malo llegó cuando, una vez arriba, empezó el
cresteo con algunas bajadas de vértigo.
Lo cierto es que eso en teoría no debería perjudicarme
demasiado, pero el caso es que, al igual que a mediados
de la temporada pasada, tengo los talones abrasados, y
no terminan de curarse de una carrera para otra. (La
verdad es que todo lo que tengo de concienzudo a la hora
de entrenar, lo tengo de Adan a la hora de cuidarme).
Así que de cara a esta importante cita me había forrado
los talones de Compeed, además de calzarme unas
zapatillas distintas de las habituales, poco usadas, con
el fin de cambiar algo la pisada. Confiaba que con esto,
y algo de suerte, los talones me aguantarían. Pero no
fue así; nada mas empezar las primeras bajadas, se me
empezaron a recalentar los pies, con el agravante, según
pasaban los km, de que un dolor, cada vez mas lacerante,
me torturaba el empeine derecho. Al termino de algunas
bajadas tenia que pararme, desatarme la zapa, y,
masajearme un poco esa zona. Luego, paso a paso, volvía
a contactar con Tofol, Brunod, y demás. En una de las
paradas, vi a Kepa, el vasco, y le pregunte el nº de
pie: el 43, me dijo. Grande en principio, pero había que
probar. Me desato una Zapa, y le digo que el me desate
la otra, me pruebo su zapatilla, pero el pie me baila
demasiado, así que, resignado, me calzo las mías, y
vuelvo a la caza de los de cabeza. Lo consigo una vez
mas, pero al poco tengo que parar de nuevo, y esta vez
ya con un dolor insoportable en el empeine y los
talones, me rindo y dejo de luchar. continuo como puedo,
y al llegar a una zona de zetas muy largas, veo como los
dos italianos que marchan conmigo, se saltan todas las
banderas -a pocos metros de un control, por cierto- y en
cuestión de segundos, me sacan una ventaja que me
supondría algunos minutos recuperar si voy por el camino
marcado. Entonces me doy cuenta de que los Italianos de
cabeza de carrera, habrán hecho lo mismo, y los que con
ellos van, sin mas remedio les habrán seguido, como yo
mismo hubiera hecho de estar ahí.
Como ya no me juego la victoria, decido seguir el camino
legal, y al llegar a un control dudo entre retirarme o
seguir, pero ante la imposibilidad de hacerme entender,
decido continuar como puedo hasta la meta.
En fin, que durante la carrera me sentí como si llevase
un Ferrari, con toda la potencia de su motor, pero con
los neumáticos hechos polvo.
Tomado del foro del
Atleta.com