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El ascenso hasta el Jou Santu se hace todavía con los
frontales encendidos, aunque este año se notó que estábamos
en fechas donde las noches son cortas y no hubo que gastar
mucha batería para alumbrarnos. Estar otra vez al pie de la
Peña Santa ya era una inyección de fuerzas para afrontar la
salida al Boquete y el vertiginoso descenso por Mesones,
donde incluso está prohibido correr en los dos sedos.
Una vez respuestos en Caín emprendemos la ascensión por la
Canal de Dobresengos, que si bien no tiene dificultad en su
camino salvo la atención que requieren las dos trepadas por
los sedos que encontramos, sí ofrece unas vistas cada vez
que miras lo recorrido que te hace, en algunos puntos,
sentirte más formando parte del aire que de la piedra. Una
vez que te ves en el Hoyo Grande Cimero no debes confiarte
pues queda aún la ascensión a la Horcada de Caín. Ya no te
acuerdas de qué desayunaste cuando terminas de encaramarte y
ver por fin el Picu ¡aunque todavía te queda un buen rato
para llegar a él!.
Nuevo avituallamiento en el refugio y descanso. Aquí algunos
abandonos. Ya es un triunfo haber llegado hasta aquí, así
que a deleitarse con las paredes del Urriello, a reponerse y
a descender por la senda hasta el Collado Pandébano y de ahí
a Sotres, donde puedes ver a los que van llegando. El resto,
a reemprender el camino. Queda una subidita hasta la Collada
Bonita donde la organización dispone cuerdas fijas a las que
te agarras hasta con los dientes. La piedra desmenuzada te
hace retroceder a cada paso pero, sin resuello, terminas
alcanzando la collada desde donde se consigue ver todo el
Valle de las Moñetas, ese valle eterno en su descenso donde
es dificil que queden fuerzas ya ni para trotar. Sendas
entre simas que son, como en otros tantos lugares de los
Picos de Europa, el paraiso de los espeleólogos.
Por fin se alcanza el siguiente avituallamiento en las Vegas
de Sotres. Alguno ya no sabe qué ingerir para afrontar lo
que queda. Bienvenidos son los líquidos y sólidos que aporta
la organización y también algúna animadora como nuestra
Charo y el amigo Eladio, que además de fuerzas morales
aportan bocadillos de jamon y queso que harán las delicias
de más de un participante. Aquí más abandonos. La montaña no
da tregua.
Y a seguir, que la subida por la Canal del Jidiellu es de
las que al terminar te entra la risa. Y es que ya son muchos
los kilómetros recorridos. Alcanzar el Collado de
Valdominguero y tumbarse, y quizás desear que los ángeles te
eleven y te transporten hasta Sotres. Pero, aunque todavía
hay que trotar y llegar, empiezas a intuir que has
triunfado.
En meta, los que dejamos la prueba en el Urriello, vamos
viendo llegar a los campeones que la completan. Exhaustos en
muchos casos, emocionados por el esfuerzo en otros. Nosotros
admirándoles, como a seres transformados que seguro que ya
son distintos de cuando salieron de Enol.
El primero Salvador Calvo, en 9:24:32. El último, César
Fernández, en 18:03:16. Todo un mundo en una prueba. Una
nimiedad en la existencia de cada uno. Este año tomaron la
salida cinco mujeres, de las cuales cuatro consiguieron
finalizar la prueba, Marta González García, la primera de
ellas, con un tiempo de 14:40:18. Nuestros compañeros
Ricardo Zamarrón (Richar), con 16:12:10, y Antonio Abad
(Caño), con 17:18:29 nos enseñaron una vez más cómo afrontar
pruebas de este tipo y llegar a tiempo para cenar.
Clasificaciones:
http://www.gmensidesa.com/pdf/TRAVESERA_2006_CLASIFICACION_CATEGORIAS.pdf
http://www.gmensidesa.com/pdf/TRAVESERA_2006_CLASIFICACION_GENERAL.pdf
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