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Nuestras Crónicas

De incógnito por los Dolomitas Raúl García Castán
Artículo publicado en la revista Campo Base del mes de septiembre de 2006

Raúl García Castán

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Antes ya de bajar del coche, adviertes que algún avispado rival  te ha reconocido; y observas como, por lo bajini, le propina un par de codazos al de al lado, en plan: "Ostras tu, mira quien ha venido". Luego, mientras
caminas en busca del dorsal, te sabes observado, y, mirando de soslayo, ves como algunos cuchichean a tu paso. Es entonces, cuando sientes la irresistible tentación de caminar despatarrado, a lo John Wayne, fruncido el
ceño en desafiante actitud; dejándole claro al mundo que si; que tu eres el tipo mas rápido, a este lado del Eresma.

Despierta. Estas en Canacei, Italia, Copa del mundo, Dolomitas. Aquí eres  tan conocido, como un tipo honrado en el ayuntamiento de Marbella. Lo cual, bien mirado, es una ventaja: volver a correr sin presión, como en los viejos tiempos, de incógnito deportivo.


Estos son mis pensamientos, mientras  mis compañeros del equipo Español, recogen su dorsal. Cuando llega mi turno, en vez de entregarme el numero, me explican  que me han incluido entre lo que llaman "Top Runners", y  debo ocupar un sitio preferente en la presentación, donde me harán entrega del dorsal. ¡Adiós anonimato!

Empieza la ceremonia, y tras unos bucólicos - y largos, todo hay que  decirlo- bailes regionales, empiezan a nombrarnos. Me dan el numero cinco, y me hacen un hueco entre la flor y nata. Que cosas.

Nos hospedamos en una pequeña casa frente a la iglesia del pueblo; Una de esas iglesias típicas en la zona, con el campanario igualito que un cohete;-supongo que así las plegarias de los fieles llegan supersonicamente al cielo-, y un coquetuelo cementerio, impensable en España: por todo impedimento, una tapia baja con las  puertas abiertas a todas horas; en cada lapida una foto, donde se puede seguir la rama familiar, de tumba en tumbadesde el tatarabuelo, hasta hoy, y un recoleto rincón, donde los Neonatos
difuntos, tienen su limbo terrenal.

Sentado en la tapia, releo las Sonatas, de Valle Inclan: "Los españoles nos  dividimos en dos grandes bandos, en uno, el Marques de Bradomin, y en el otro, todos los demás" Subrayo la frase. Curiosamente ese es el sino fatal el corredor, tu solo contra todos, y todos contra ti. Me siento felizmente feo y sentimental. Aunque agnóstico, que le vamos a hacer.

La foto previa de todas las carreras, se parece siempre: Un montón de hipocondríacos que parecen tomarse el pulso con gesto crispado.

Nos dan la salida, y el grupo se estira, sin - de momento- llegar a  romperse, haciendo bueno el tópico del "rosario de corredores"
Procedo a contar mi posición en carrera. El once. Mientras vamos subiendo, el público nos anima: ¡Raúl!, ¡España!, me dice uno. Otro, desconocedor sin duda, de que la situación política entre Méjico y España, ha sufrido alguna ligera variación, desde la época de Hernán Cortes, me jalea: ¡ándale!¡ándale! Y una respetable señora, grita: ¡el cinco!, ¡el cinco!, y se ríe. A mi me recuerda al Drácula aquel de Barrio Sésamo, el que contaba los números y terminaba siempre con una carcajada. Llega la parte mas dura, y consigo llegar en sexta posición a la cima del Piz Boé. En ese momento, tres españoles estamos entre los 5 o 6 primeros, y algunos italianos, con peculiar sentido del humor, bromean con nuestros compañeros del público:- Doctor Fuentes, Doctor Fuentes,-  dicen. La bajada se me atraganta, y se transforma en un cúmulo de contratiempos: tres italianos suicidas, dos ampollas, y una bajada terriblemente técnica y
larga, me relegan a la novena plaza final...¿O es el principio?


 


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