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Antes ya de bajar del coche, adviertes que algún avispado
rival te ha reconocido; y observas como, por lo bajini, le
propina un par de codazos al de al lado, en plan: "Ostras
tu, mira quien ha venido". Luego, mientras
caminas en busca del dorsal, te sabes observado, y, mirando
de soslayo, ves como algunos cuchichean a tu paso. Es
entonces, cuando sientes la irresistible tentación de
caminar despatarrado, a lo John Wayne, fruncido el
ceño en desafiante actitud; dejándole claro al mundo que si;
que tu eres el tipo mas rápido, a este lado del Eresma.
Despierta. Estas en Canacei, Italia, Copa del mundo,
Dolomitas. Aquí eres tan conocido, como un tipo
honrado en el ayuntamiento de Marbella. Lo cual, bien
mirado, es una ventaja: volver a correr sin presión, como en
los viejos tiempos, de incógnito deportivo. |
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Estos son mis pensamientos, mientras mis compañeros del
equipo Español, recogen su dorsal. Cuando llega mi turno, en
vez de entregarme el numero, me explican que me han
incluido entre lo que llaman "Top Runners", y debo
ocupar un sitio preferente en la presentación, donde me
harán entrega del dorsal. ¡Adiós anonimato!
Empieza la ceremonia, y tras unos bucólicos - y largos, todo
hay que decirlo- bailes regionales, empiezan a
nombrarnos. Me dan el numero cinco, y me hacen un hueco
entre la flor y nata. Que cosas.
Nos hospedamos en una pequeña casa frente a la iglesia del
pueblo; Una de esas iglesias típicas en la zona, con el
campanario igualito que un cohete;-supongo que así las
plegarias de los fieles llegan supersonicamente al cielo-, y
un coquetuelo cementerio, impensable en España: por todo
impedimento, una tapia baja con las puertas abiertas a
todas horas; en cada lapida una foto, donde se puede seguir
la rama familiar, de tumba en tumbadesde el tatarabuelo,
hasta hoy, y un recoleto rincón, donde los Neonatos
difuntos, tienen su limbo terrenal.
Sentado en la tapia, releo las Sonatas, de Valle Inclan:
"Los españoles nos dividimos en dos grandes bandos, en
uno, el Marques de Bradomin, y en el otro, todos los demás"
Subrayo la frase. Curiosamente ese es el sino fatal el
corredor, tu solo contra todos, y todos contra ti. Me siento
felizmente feo y sentimental. Aunque agnóstico, que le vamos
a hacer.
La foto previa de todas las carreras, se parece siempre: Un
montón de hipocondríacos que parecen tomarse el pulso con
gesto crispado.
Nos dan la salida, y el grupo se estira, sin - de momento-
llegar a romperse, haciendo bueno el tópico del
"rosario de corredores"
Procedo a contar mi posición en carrera. El once. Mientras
vamos subiendo, el público nos anima: ¡Raúl!, ¡España!, me
dice uno. Otro, desconocedor sin duda, de que la situación
política entre Méjico y España, ha sufrido alguna ligera
variación, desde la época de Hernán Cortes, me jalea:
¡ándale!¡ándale! Y una respetable señora, grita: ¡el cinco!,
¡el cinco!, y se ríe. A mi me recuerda al Drácula aquel de
Barrio Sésamo, el que contaba los números y terminaba
siempre con una carcajada. Llega la parte mas dura, y
consigo llegar en sexta posición a la cima del Piz Boé. En
ese momento, tres españoles estamos entre los 5 o 6
primeros, y algunos italianos, con peculiar sentido del
humor, bromean con nuestros compañeros del público:- Doctor
Fuentes, Doctor Fuentes,- dicen. La bajada se me atraganta,
y se transforma en un cúmulo de contratiempos: tres
italianos suicidas, dos ampollas, y una bajada terriblemente
técnica y
larga, me relegan a la novena plaza final...¿O es el
principio?
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